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Marie-Guillemine Benoist: retrato de una negra

Marie-Guillemine Benoist: Retrato de una negra

En este caso queremos elogiar al artista, por dejarnos esta maravilla. Pero sobre todo, (¡por encima de todo!) queremos honrar a la modelo. La modelo que en esa época no tenía nombre, (o por lo menos no importaba), pero sí oficio: el de ser negra. 


Nuestra capacidad de observar a alguien, muchas veces implica y connota una relación clara de explotación. Una asimetría entre el poder del que observa y la debilidad del que es observado

En esta obra de la artista francesa Marie-Guilhelmine Benoist, realizada en 1800, (seis años después del primer intento de abolición de la esclavitud en Francia), nos encontramos con este hecho desigual entre quien tiene capacidad de observar y dar cuenta de ello (la pintora) y quien es observada y retratada (la modelo). La grandeza que aquí se esconde se halla en la resistencia de la modelo a ser mirada sin ser vista. Pues para mirar es necesario que exista la voluntad de centrar la atención en lo que realmente se está viendo.

La modelo, una mujer negra sin nombre, sí mira a la artista, una mujer blanca con nombre. Mira lo que hay detrás, mira a su futuro plasmado en un cuadro en el que se grita: 

“Tengo los ojos cansados de presenciar tanta injusticia hacia los míos, sufrida como fuego en mi piel. Pero no me robarás la dignidad, el desafío, de mirarte mientras me miras. Me niego a ser presa de tus fantasías de dominación. Te miro para molestarte, para recordarte que soy persona y no objeto. Te miro de igual a igual, a pesar de tener el pecho desnudo, a pesar de ser negra, te recuerdo que no dejas de ser lo mismo que yo: una mujer”.




E. Illescas
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