Magazine

Personas escrupulosas... No estamos solas

Colin Dodgson for Another Magazine


Sacamos a relucir un tema muy importante en cuestión de salud e higiene social: la limpieza de las manos.

Rosa Añel y Lorena Fernández, médico y enfermera, componentes del Equipo de Coordinación de Programas de Salud Pública y Seguridad del Paciente, han puesto de manifiesto una cuestión básica sobre la mesa: la importancia de lavarse las manos; pues durante la charla "El paciente como aliado de su propia seguridad: tres aspectos claves", (EUROPAPRESS, Madrid) relevaron un dato alarmante indicando que más del 80 por ciento de las enfermedades infecciosas, como catarros, gripe, gastroenteritis, se transmiten sólo a través de nuestras manos.


Las personas escrupulosas creemos que esto está empíricamente comprobado, y nuestras futuras premisas sobre esta materia las haremos en base a este dato. Cuando las personas no escrupulosas, que se consideran normales porque no les da asco tocar cualquier cosa con sus manos desnudas,  nos empiecen a juzgar a nosotras, los escrupulosas, por disponer de geles desinfectantes, toallitas húmedas y crema de manos en todo momento,  tendremos un único argumento: el asunto es real. 

Normalmente, a nivel personal suelo ignorar las miradas de "estás loca", cuando en mi trabajo utilizo un klínex para abrir las puertas de los baños o tocar el grifo del lavamanos (grifo que ha sido tocado por TODO el mundo después de salir del wc); sé que puedo paracer un poco lunática, pero si nos paramos a pensarlo, supongo que tiene sentido: las manos son el lugar en el que más bacterias albergamos en nuestro cuerpo, y eso no lo digo yo (bueno sí, en realidad no me canso de repetirlo) pero en este caso lo refutan estas mujeres científicas de amplias miras sobre esta cuestión. 

Lo mismo sucede con los pies y los hongos. Para mí los hoteles (y ya no hablo de hostales) son una dulce tortura; dulce porque son una herramienta principal para viajar, tortura porque no me fío.  Respeto tanto mis manos como mis pies, por eso nunca dejaré de llevar chanclas de goma bien gruesa para ducharme. Sólo de pensar en la probabilidad de no disponer de ellas, me podría dar algo. Recuerdo que, en un viaje a China se me olvidó meter las  chanclas en la mochila; viajaba sola así que no se las podía pedir a nadie (y soy tan escrupulosa como para rechazar la oferta de disponer de las típicas chanclas usadas que puedes tomar prestadas de la recepción); cuando llegué al hostal era ya tarde, y tuve que esperar hasta las 10 de la mañana del día siguiente para comprar unas chanclas en la primera tienda que encontré. Fue la primera compra que hice, en un idioma del que no tenía ni idea, y por la que probablemente pagué más de lo necesario, pues no me vi capacitada para regatear el precio tan elevado que tenían. Lo único que quería era ducharme con chanclas. 


Con esto, no pretendo inquietar a nadie, de hecho me encantan las personas que, no siendo escrupulosas, viven la vida plena y despreocupadamente (ojalá fuera una de ellas). Pero simplemente os pido, recordad: ¡No dejéis de lavaros las manos! Hoy en día, hay una gran variedad de productos que podemos llevar siempre encima para disfrutar de unas manos limpias; de esta forma avivaremos menos cantidad de microbios, y finalmente las personas escrupulosas nos sentiremos menos solas y más seguras a la hora de convivir en espacios compartidos.


J. S.
SHARE:

No hay comentarios

Publicar un comentario

Blogger Template Created by pipdig