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Mujer al volante


No terminaré esta frase... Seguro que a todas os ha venido alguna vez a vuestra mente... Incluso la habréis recitado en voz alta, ya sea en el coche o al comenzar esta lectura:  YO ESTOY ¡¡HARTA!!


Aún recuerdo cuando cumplí 18 años. Mi padre orgulloso porque su hijita había conseguido superar el examen sin renovar la matrícula en la autoescuela, sin clases extras, siendo mujer. Mi madre, por otro lado, entre alegre y triste en aquel momento ya me advirtió: “prepárate para las malas palabras y las groserías de los hombres cuando estés conduciendo”.  Le quité importancia sin más, e incluso pensé, “bah, yo conduzco mejor que ella... A mí eso no me pasará”... ¡¡PUES PASA!!

Fue precisamente con mi madre al volante, cuando presencié una de esas situaciones surrealistas que la vida nos regala: en la puerta de casa, estábamos esperando en doble fila a que un vecino salga del lado opuesto, y así poder aparcar  nosotras. Entonces, llega un coche por el otro carril y sin vacilar nos roba el sitio... ¿Cuántas veces os ha pasado? Entré en cólera, lo reconozco. Pero es que... mi madre llegaba cansada de trabajar, y el tío ese todo trajeado, no sólo le quita el sitio sino que se baja del coche y se justifica diciendo que hay línea continua y, por tanto no podíamos aparcar ahí, “dar gracias que no llamo a la policía, podrían denunciaros” - nos dice. Él como un buen ciudadano, nos quita el sitio para establecer el orden social. El bloqueo mental del momento solo me permitió maldecirle. Porque a ver, el sitio es lo de menos... ¿esa burla se hubiera atrevido a hacerla si el que conducía fuera mi padre?

Misma situación, pero ahora conmigo de protagonista, mujer de veintitantos al volante: espero con mi intermitente para aparcar (esta vez en mi lado correspondiente de carril, aprendo rápido). Entonces se para un autobús detrás y comienza a pitarme sin cesar. Obviamente no me aparto, es difícil encontrar sitio en esa zona y no puedo desaprovechar la oportunidad. Así que, fuera de mis casillas, pito yo también (reconozco que me hace gracia devolver este sonido, creo que es un intento de comunicación y yo soy muy educada). El coche que se disponía a salir, ve la situación y espera a que pase el autobús, y yo evidentemente hago lo mismo, pues el conductor que lo dirige parece que es un buen profesional y quiere llegar a tiempo a la siguiente parada. Al pasar por mi lado, dicho conductor, abre la puerta y me suelta el típico (a ver si lo adivináis): “Mujer tenías que ser”, a lo cual mi cerebro solo pudo reaccionar lanzando una señal de movimiento a mi dedo corazón (gesto que no está dentro de mi repertorio, pero es lo que tiene la adrenalina del momento)... En fin,  no termina aquí la historia. Mientras aparco, el conductor del autobús bloquea la calle en diagonal, se baja y me empieza a llamar maleducada por mi gesto. Toda la calle me mira, y apuesto a que todos estaban pensando lo mismo... (¿lo adivináis?). Pero, en lo que a mí respecta, ni una gota de remordimiento pasó por mi cabeza, tenía que defenderme y reconozco que, verle ofendido, hasta me gustó. 


Lo que más duele es que incluso entre nosotras, nos hacemos daño al volante. Poneos en situación: alguien se te cuela, te cierra o se salta un ceda. Cuando miras, y es un hombre, te callas. Si es una mujer... que si ojos en blanco y que si “mujer tenía que ser”. ¡Pues NO! ¡Me niego! ¡Quiero terminar con esto YA! Porque ¿soy la mejor conductora? Probablemente no... pero NO POR SER MUJER. Sino porque simplemente a mi alrededor hay PERSONAS que lo hacen mejor y PERSONAS que son más torpes. 

La última de mis anécdotas al volante, está dedicada a ellos, por lo que ahora me dirijo concretamente a ese tipo de  conductor repugnante: ¿Te ha parecido que mientras estoy agobiada, parada en este atasco, maldiciendo a todo mi mundo (incluso en voz alta), enfada y cansada de perder el tiempo… te he lanzado alguna señal de interés hacia tu persona? ¿Te ha seducido mi mirada de odio por no dejarme hueco para cambiarme de carril, a pesar de llevar con el intermitente media hora? Entonces, ¿por qué tengo que ver esos morros desconocidos lanzándome un beso?


Podría escribir un artículo cada día acerca de este tema... Pero ¿y vosotras? ¿os atrevéis a contar vuestra experiencia al volante?


Nuria Gómez
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