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No es una locura empezar a estudiar y ser profesional a los veintitantos...

Foto de Iman Hamman

Empezar a estudiar cuando ya se ha sobrepasado la edad de un recién graduado y consecuentemente convertirse en una gran profesional de éxito no es una utopía ni algo imposible de alcanzar. Para progresar financieramente en la vida no hace falta haber ido a la universidad a los 18 años, ni mucho menos. El momento siempre es perfecto cuando se tiene una meta y estás convencida de que nunca es tarde para aprender y empezar de cero. No se trata de ser más inteligente que los demás, si no de tener constancia y nunca olvidar esa meta. 

Para empezar de cero muchas veces es necesario romper con lo habitual y tener que viajar a otra ciudad u otro país o adaptarse a la austeridad para poder costear los estudios. En mi caso, yo opté por cambiar de país, aprender otro idioma. Esto me motivó a estudiar un diploma en Business y quizás con ello tener más opciones para definir lo que quería hacer en la vida. Pero el camino no fue nada fácil. Siempre existen personas que tratan de desmotivarte, dándote mil razones por las cuales no debes continuar, pero no son más que una piedra en el camino.

Mientras estudiaba para sacar el diploma, me encontré con gente e incluso con profesores que me repetían día a día todas las razones por las cuales mi nivel de inglés no me permitiría avanzar; llegaron hasta el punto de bajarme la nota en varias ocasiones acusándome de plagio. A pesar de todo logré empezar  mi primera carrera a los 21 años de edad. En contra de lo que muchos predecían sobre mí, fui aceptada en todas las universidades que solicité. Sin embargo tuve miedo y dudas de como lograría pagar una carrera y mantenerme a mí misma. 

Siempre habrá sacrificios: tener que trabajar los fines de semana, pedir un préstamo para cubrir los estudios... La cuestión es no olvidar que todo el esfuerzo y sacrificio se hace por una razón. Pero queda la pregunta de... "¿y mi vida social?". Existe la garantía de que se puede tener ambas cosas. 
Foto de Iman Hamman

Cuando apenas cursaba mi primer año en la universidad sufrí la típica crisis de estar ‘homesick’, es decir, echaba de menos a mi familia, mis amigos y al novio que no iba a poder tener por no disponer de tiempo para socializarme. Pero en momentos como ese conocí personas que me recordaron que mi situación no era tan compleja como yo lo percibía, mujeres de más de 40 años, abogadas y científicas, madres solteras que empezaron su carrera  con más de 25 años y pudieron continuar un máster y un doctorado. Ellas me recordaban que yo también podía, que nunca es tarde y que muchas veces es necesario comenzar de cero varias veces. 

Mi vida social era mínima, pero me ayudó a rodearme de las personas más importantes para mí. Aquellas que entendían que no todos los días eran festivos y me apoyaban en los momentos difíciles. Una vez terminada mi carrera me encontré en medio de la crisis financiera, que me impidió poder ejercer durante los dos años siguientes. Situaciones como esta siempre nos harán cuestionar si hemos tomado las decisiones adecuadas, si todo el esfuerzo durante años ha valido la pena y si en algún momento las cosas irán como se desea. Por ello, decidí intentarlo una vez más y empezar de cero. Con miedo pero más segura de mi misma porque ahora tenía más de lo que tenía al principio. 

Foto de Iman Hamman

Hoy día estoy estudiando mi segunda carrera a la vez que ejerzo de la misma. No me arrepiento de los días malos del camino, creo que gracias a todo esto, soy como soy a día de hoy. Aprendí el valor de las oportunidades, a conocer a las personas desde su percepción cuando yo me proyecto a ellas, a lidiar con situaciones difíciles, y a saber que aunque a veces mi vida no sea fácil yo siempre tengo el control.

Para toda aquella que duda en empezar a estudiar o aprender un idioma, o cambiar de trabajo, a "estas alturas" o a "esta edad", mi consejo es que lo hagas: los comienzos no son malos, siempre hay algo que aprender, tanto de lo bueno como de lo malo; además recuerda: la recompensa no es solo llegar a la meta si no ver como creces a lo largo del camino. 


Yuleirys González
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