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Viajar - T | El "Camino De Santiago" en primera persona


Bienaventurado eres, peregrino, cuando contemplas el camino y lo descubres lleno de nombres y amaneceres.


El primer día empezamos el camino con muchas ganas y mucha ilusión. Los paisajes son de ensueño. Naturaleza en estado puro. A veces sentía cómo los mirlos nos daban los buenos días. 

Salíamos a caminar en torno a las 7:30 y más o menos dos horas después encontrábamos a un gallo cacareando. Siempre pensaba en lo mismo cuando lo presenciaba: "probablemente me estaría levantando de la cama a esta hora para desayunar y volver a la cama para retomar el sueño justo donde lo dejé". 




El camino de Santiago da mucho de sí pero si hay algo que puedes hacer es reflexionar. Yo cada día me hacía multitud de preguntas: "¿A dónde voy? ¿Por qué he empezado este camino? ¿Merece la pena el esfuerzo? ¿Dónde quiero estar? ¿Con quién? ¿De qué manera?"

Por supuesto hay veces que el camino se hace duro. Empiezan a aparecer ampollas, heridas superficiales en los pies que dificultan la travesía. 


Una de las cosas que más me han llamado la atención es cómo los peregrinos se ayudan entre ellos. Olvidan todas las diferencias que en el día a día parecen tener y se muestran solícitos y dispuestos a echar una mano a quien lo necesite. A mí que tolero poco el dolor me han puesto tiritas, me han dado agua, me dieron un bastón, redujeron el ritmo para darme ánimos... Unos desconocidos que no dudaban en apoyarme cuando me veían flaquear.


Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que un paso atrás para ayudar a otro vale más que cien hacia delante sin mirar a tu lado.


Cuando alguien te coloca un apósito en una herida, sientes que te está salvando la vida. Que gracias a ello, no te rozaría más y podrías continuar la etapa que habías comenzado mientras que para quien te hace el favor quizá no lo recuerde ni siquiera como una anécdota. Eso me pareció curioso. Un día estuve dándole las gracias a un peregrino por su ayuda y no recordaba siquiera haberme ayudado. Ese día lloré mucho. 


El dolor, la fatiga, el sentir que tu cuerpo flaquea, los paisajes, la increíble gentileza de la gente... En un contexto en el que por una parte agradeces cada vez que llegas a un pueblo porque puedes descansar, pero por otra quieres continuar caminando para contemplar la maravillosa naturaleza que por suerte conservamos. 




Bienaventurado eres, peregrino, cuando faltan palabras para agradecer todo lo que te sorprende en cada recodo del camino



Cada persona vive el camino de una forma muy distinta. Eso me pareció curioso también el cómo cada uno percibe una cosa a pesar de estar viviendo exactamente lo mismo.

El propósito del camino es disfrutar de él. Aunque irremediablemente yo pensaba mucho en el final. En si lo conseguiría, en cuándo lo haría. Al llegar a la catedral y llorar en el suelo de la ciudad entiendes que el camino no ha hecho más que empezar.




Bienaventurado eres, peregrino, cuando si en el camino te encuentras contigo mismo y te regalas un tiempo sin prisas para no descuidar la imagen de tu corazón.



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